Hay experiencias que no terminan cuando regresamos a casa. Permanecen con nosotros, influyen en nuestras decisiones y, a veces, pasan de padres a hijos. Esta es la historia de Manuel y su hija Lucía: dos generaciones unidas por los viajes, el aprendizaje y su vínculo con SHEFFIELD.
El viaje que cambió la vida de Manuel
En el curso 1991-1992, Manuel tenía 17 años y tomó una decisión que marcaría su futuro: estudiar un Año Escolar en Estados Unidos.
Su destino fue el estado de Michigan. En aquella época, viajar al extranjero durante todo un curso era mucho menos habitual que en la actualidad. SHEFFIELD era una de las pocas organizaciones españolas que ofrecían este programa y muchas de las empresas que hoy lo comercializan todavía no existían.
Para Manuel, aquel año significó mucho más que aprender inglés. Descubrió otra cultura, convivió con una familia estadounidense, ganó autonomía y aprendió a desenvolverse lejos de casa.
Regresó a España con una experiencia inolvidable y con una nueva forma de mirar el mundo.
De estudiante a monitor de SHEFFIELD
Después de su regreso, Manuel comenzó a estudiar Ciencias Empresariales en la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, sus ganas de viajar, conocer nuevos lugares y seguir vinculado a las experiencias internacionales continuaban intactas.
Durante los veranos empezó a trabajar como monitor acompañando a los grupos de estudiantes de SHEFFIELD.
Su primer destino fue Sheffield, en Inglaterra. Al verano siguiente viajó a Dublín, en Irlanda. Después llegaron Boston, en Estados Unidos, y Toronto, en Canadá.
Cada programa le permitió conocer una nueva ciudad y acompañar a jóvenes que estaban viviendo, quizá por primera vez, una experiencia parecida a la que él había disfrutado con 17 años.
Como monitor, Manuel no solo coordinaba actividades y prestaba apoyo al grupo. También ayudaba a los estudiantes a adaptarse, resolver sus dudas y aprovechar al máximo cada momento del viaje.
Una nueva generación comienza a viajar
Pasaron los años. Manuel terminó sus estudios, se casó y formó una familia, pero nunca olvidó todo lo que su Año Escolar en Estados Unidos le había aportado.
Por eso, cuando su hija mayor Lucía cumplió 16 años, decidió brindarle la misma oportunidad.
Durante el curso 2021-2022, Lucía viajó a Estados Unidos para estudiar un Año Escolar en el estado de Utah. A pesar de tratarse de un curso especialmente complejo, la experiencia fue fantástica e inolvidable.
Lucía se integró en su nuevo entorno, mejoró su inglés, conoció otra cultura y adquirió una madurez que solo se consigue cuando uno se atreve a salir de su zona de confort.
Casi 30 años después, la historia de Manuel volvía a comenzar, esta vez a través de su hija.
Lucía sigue los pasos de su padre
Al regresar a España, Lucía comenzó sus estudios de Matemáticas en la Universidad Rey Juan Carlos. Este verano, con 21 años ya cumplidos, ha dado un nuevo paso: convertirse en monitora de SHEFFIELD, igual que hizo su padre cuando era universitario.
Su primer destino ha sido la ciudad inglesa de Bishop’s Stortford, donde ha acompañado a un grupo de chicos y chicas durante su programa de verano.
Para Lucía era su primera experiencia como monitora, pero ha desempeñado su trabajo a la perfección. Ha sabido cuidar al grupo, atender las necesidades de los estudiantes y ayudarles a disfrutar de una experiencia segura, educativa y divertida.
Sin duda, haber sido alumna de un Año Escolar le ha permitido comprender especialmente bien lo que sienten los jóvenes cuando viajan lejos de casa: los nervios iniciales, la emoción, las dudas y la satisfacción de comprobar que son capaces de desenvolverse por sí mismos.
Una historia que continúa
Lucía ya está pensando en su próximo destino. Al igual que su padre hizo hace casi 30 años, quiere seguir viajando, descubriendo países, conociendo nuevas ciudades y culturas y viviendo experiencias increíbles.
Manuel fue primero estudiante y después monitor. Años más tarde, volvió a confiar en SHEFFIELD para que su hija viviera su propio Año Escolar. Ahora Lucía también acompaña a nuestros estudiantes y les ayuda a comenzar sus propias historias.
La historia de Manuel y Lucía nos recuerda que un viaje educativo no dura solamente unas semanas o un curso. Puede acompañarnos durante toda la vida y convertirse en un legado que pasa de padres a hijos. Nosotros esperamos que llegue pronto la tercera generación.
En SHEFFIELD llevamos 40 años viendo crecer a nuestros alumnos. Algunos regresan como monitores, otros confían en nosotros para organizar las experiencias de sus hijos y todos forman parte de una historia que continúa generación tras generación.
Porque hay viajes que se recuerdan toda la vida y experiencias que, casi 30 años después, vuelven a empezar.